Quién le pone puertas al monte

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El mundo cambia, la tecnología avanza y las relaciones entre personas hacen ambas cosas. Cambian y avanzan inexorablemente.

El mundo cambia, la tecnología avanza y las relaciones entre personas hacen ambas cosas. Cambian y avanzan inexorablemente.

La tecnología ha impuesto un mundo virtual que ha dado lugar a nuevas formas de relacionarnos y comunicarnos. Nos conectamos con quien queremos en tiempo real con la posibilidad de hacerlo durante las 24 horas sin los límites que podría imponer la distancia.

Los avances y la innovación del software en internet han dado lugar a la expansión sin límites a lo que se denomina como redes sociales. Estos servicios de comunicación social que se centran en encontrar gente para relacionarse en línea, están formadas por personas que comparten alguna forma de relación, principalmente de amistad. Y mantienen intereses y actividades comunes.

Las redes nos ofrecen muchas posibilidades, la de contactarnos con gente de cualquier parte del mundo, de diferentes culturas y establecer relaciones dinámicas a la distancia. 

Hay que reconocer que son un fenómeno positivo. Quién puede discutir sobre el valor de estas, donde las personas mantienen una variedad de vínculos amistosos, laborales, comerciales o informativos. 

Internet, con sus redes online, es una herramienta fundamental en la comunicación, teniendo su uso ventajas y desventajas.

Hay usos trascendentes que tienen la capacidad de cambiar a la humanidad. Por ejemplo, el avance científico que es transformado en asequible a todos los que desean saber. Los descubrimientos son importantes en la medida que se apliquen a la calidad de vida de las personas. Y aquí las redes sociales han sido eficaces en su función de transmitir de manera masiva y con lapsos de tiempo medidos en décimas de segundo.

Hoy, los profesionales de la salud, las usan como medio para la gestión de conocimientos, difundirlos y poner de relieve aspectos y datos que apuntan a incorporar hábitos saludables o modificar los que fuesen perjudiciales para el individuo.

Estas transformaciones que devienen de la comunicación, han alcanzado al individuo en su fuero personal y familiar. Porque todos hemos encontrado a algún ser querido o algún amigo de nuestra infancia por medio de los buscadores que tienen las redes. 

Así también, ha aportado a la facilitación del tráfico de información entre empresas, sus empleados, incluidos los estudiantes en todos los niveles. Utilizando como canal de recepción y envío del material utilizado para sus actividades diarias. 

Hasta acá, en más o menos, todo va bien. Ya que no se discute que las redes sociales son una plataforma perfecta para expresar ideas y opiniones debido a su inmediatez y gran repercusión. Sobre todo porque uno hace uso de la libertad de expresión. Siendo ésta, un derecho fundamental del ser humano que garantiza la posibilidad de reflejar por escrito o verbalmente una opinión o pensamiento sobre un asunto o persona. 

Pero como cualquier derecho, debe ejercerse con responsabilidad ya que conlleva obligaciones. 

No se trata de un derecho absoluto, el de la libertad de expresión, ya que su límite aparece cuando se vulneran los derechos de otras personas.

Así, el uso de ciertas palabras o símbolos, pueden atentar contra el derecho y el honor, o la integridad, de otros.

A partir de aquí el terreno se torna resbaladizo. Basta con mirar lo que sucede a diario. Donde el derecho de libertad de expresión desaparece cuando los comentarios suponen una incitación al odio, apología de la violencia, se injuria y se calumnia. Habiendo casos denunciados de extorsiones de toda índole.

Se publican en los medios, noticias sobre personas que, motivadas por despecho o rencor, han sometido a otros de distintas formas. Por tener en su poder material, gráfico o audiovisual, real o adulterado.

En este momento la libertad de expresión deja de ser un derecho y puede pasar a ser una falta grave o un delito con las condiciones necesarias para ser llevado ante la justicia. Máxime, si dichos contenidos se hicieron públicos aquellos de origen personal  y del ámbito íntimo.

Deberá ser la Justicia la que decida si se constituye una infracción, y en caso afirmativo, quien dicte sentencia sobre ello, cuidando de no ponernos al nivel de los países autoritarios que desean limitar la libertad de expresión de sus conciudadanos. Ya que la falta es la misma, se haga dentro o fuera de internet. Y las consecuencias también debieran serlo. Con una salvedad, que hacerlo a través de una herramienta como lo son las redes sociales, implica  darle “publicidad” al delito, lo que agrava el hecho. 

Sean leves o graves, las injurias, deben tener una clara reprobación y una contundente expresión de justicia.

Las redes sociales como herramienta de denuncia sin base real, es otro aspecto no positivo. Dándole una mayor incidencia a lo que se dice por ser un medio masivo de comunicación, dónde los usuarios son expuestos a los contenidos, de manera voluntaria o no, y en todo momento son participes activos o pasivos, y a su vez generadores de opinión.

Es, desde ese punto, una herramienta poderosa respecto de los otros medios masivos. Porque por aquí la información se difunde sin filtros y llega a una cantidad enorme de personas. Esto ha hecho de las redes sociales un medio democratizador del flujo de información, en ambos sentidos, tanto positivo como negativo; lo cual es de gran ayuda como herramienta de denuncia siempre y cuando se realicen con resguardo de la moral y la ética, y se expongan bien fundamentadas.

Las redes sociales no sólo permiten que los usuarios se mantengan informados sobre acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales, sino que se han convertido en un espacio de participación social activa.

El desafío, entonces, será equilibrar las fuerzas. Porque, cuando son válidas las denuncias sociales a través de estas redes, han concedido a los ciudadanos, foros abiertos y plurales de apoyo y de adhesión del entorno. Y han dado pie a la generación de conciencia colectiva y a la colaboración.

En resumen, ya existen leyes que protegen y amparan al ciudadano. Pero todos estos aspectos negativos pueden y deben evitarse, generando conciencia e informándose sobre cuáles son y cómo combatirlos.

Las conductas que incitan al odio, deben ser perseguidas. Estudiando la manera de abordar instrumentos legales adicionales, que permitan hacer compatibles la libertad de expresión y el derecho a la información, velando por el derecho de los ciudadanos a su honor, intimidad y seguridad.

Internet y sus redes sociales virtuales, son una herramienta, que mal utilizada, puede convertirse en un arma.

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