Una en un millón, la historia de Laura

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El viernes 14 de noviembre del 2014 hubiera sido un día normal como cualquier otro para Laura y Roberto. Él si dirigía a su consultorio y ella, a atender algunas obligaciones en la ciudad. Pero por esas cosas que tiene el destino, sus vidas darían un vuelco. 

El viernes 14 de noviembre del 2014 hubiera sido un día normal como cualquier otro para Laura y Roberto. Él si dirigía a su consultorio y ella, a atender algunas obligaciones en la ciudad. Pero por esas cosas que tiene el destino, sus vidas darían un vuelco. 

Ella aprovechó que iba a la ciudad para ir hasta la casa de sus padres. Acomodada en el sillón del living, conversaba con la madre sobre lo acontecido durante la semana. Y como de costumbre, el teléfono celular queda dentro de la cartera para no ser interrumpida. De igual forma, la madre le sugiere que lo tenga a mano; “no vaya a ser que alguien te llame y no lo escuches”. No mami -le respondió ella- no quiero que nadie hinche.

Como si se tratara de un presentimiento, la mamá de Laura insistía. Unas horas después, ella vio que debía estar atenta a su celular. 

Siendo las 20:30 ella sube al auto para terminar los pendientes y revisa la cartera buscando el celular. Allí descubre que tenía varias llamadas perdidas de un número que desconocía. Y sin prestar atención al mismo, arranca y se dirige rumbo a Encarnación. 

Ya en el viaje, el celular comienza a sonar, con ese mismo número desconocido, que no contestó porque estaba conduciendo por la ruta. Pero ante la insistencia de quien la llamaba, detiene la marcha y atiende a la voz cálida que desde el otro lado comienza diciendo; -“Buenas noches, le habla la escribana María Cristina Valenzuela, la estoy llamando desde Asunción. Es usted la señora Laura Müller?- Al tiempo que contesta afirmativamente le pregunta con preocupación: “qué pasó? Ocurrió algo?”. Sí!- Respondió la escribana- Usted se ha ganado un premio por cargar combustible en las estaciones de servicio de Copetrol!!! 

Que bueno!- Dijo Laura- Me gané vales de combustible?. A lo que la escribana le contestó: “No señora, usted no ganó combustible. Usted se ha ganado un automóvil Porsche Boxter!!!

Allí, nos cuenta la protagonista de esta historia, que se le acabó la alegría y se puso seria. Y le dijo a la escribana “mire señora, si esto es una broma, le voy a agradecer que ya termine. Dejemos la conversación aquí, porque es de muy mal gusto una broma de ese tipo”. En eso escucha al otro lado de la línea un enorme alboroto de gritos y aplausos. Y la misma voz le responde riendo: “Señora Laura, no se preocupe que no es una broma. Le estamos hablando desde un programa de televisión en vivo para comunicarle la noticia. En 10 minutos la volveremos a llamar para comentarle los detalles. Mientras tanto usted digiera la buena noticia”. 

R3N: Y qué pasó a partir de allí?

Laura Müller: Me costaba creerlo. Estaba temblando porque íntimamente sentía que era verdad, pero una parte de mí no lo creía.

R3N: Entonces…

L.M: Llegué al lugar al que me dirigía, estacione y esperé sentada dentro del auto, los que fueron los 10 minutos más largos de los últimos tiempos. En ese rato hice mil y una conjeturas posibles porque no lo podía terminar de creer! Sonó de nuevo el celular, pero esta vez no llegó a dar el segundo timbre que lo atendí. Pero ahora era una voz masculina que me hablaba. Era el conductor de un programa de la capital del país. Allí me dice que estaba al aire y en vivo y me cuenta los pormenores de cómo me lo había ganado. En eso dice en voz muy alta “Laura, eres la ganadora del Porsche Boxter que sorteó la empresa Copetrol. Nuestro flamante auto deportivo se va a pasear por las calles encarnacenas!

R3N: Y qué dijiste?

L.M: Que no lo podía creer. Pero con la voz entrecortada por la emoción. Poco tardé en desarmarme cuando escucho que me dice: “Ahora podes gritar, saltar, llorar! Haz lo que tengas ganas de hacer, porque el auto es todo tuyo. Hasta ahí la llevaba bien, pero escuchar de fondo a toda una multitud gritar y cantar, me transportaron en un instante y me sentí en la fiesta que había en ese lugar, y me puse a llorar emocionada.

R3N: Que momento increíble e inolvidable.

L.M: Sí. Estaba desbordada. Me fui volando hasta la universidad donde mi esposo estaba dando clases y me abrazo a él que me recibe sorprendido hasta que pude parar de llorar y le conté lo que había sucedido.

R3N: Se lo llegaste a contar a alguien más?

L.M: No hizo falta! Curiosamente mi hermano, Nacho, ya había visto una publicación en Facebook que me habían etiquetado y él se encargó de hacer correr la noticia. Y me dijo: “No te preocupes, pero nadie me lo cree” Y riéndome le dije que pensé lo mismo, pero era verdad! 

Y comienza a reír el también al escuchar de mi parte la confirmación. En ese momento me sugiere que aunque era tarde, llame a mi padre para contarle. Lo hice, pero me respondió medio somnoliento “que bueno hija, me alegro, pero hablemos mañana”. Era obvio que al sacarlo del sueño no había entendido lo que acaba de contarle.

R3N: Supongo que no te olvidarás más de esa noche. 

L.M: Es verdad. Pero volvimos a vivir momentos increíbles cuando fuimos al concesionario oficial de Porsche, la empresa Diesa, que nos mimaron un montón. Nos dieron un test drive del auto. Nos agasajaron de una forma que de verdad agradecemos. Lo que ese día había empezado como un día normal, en que lo más destacado iba a ser organizar que haríamos el fin de semana, se convirtió en una serie de momentos inolvidables que nos modificaron positivamente nuestras vidas.

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