Una mujer con 100 pesos es tan creativa como Picasso

Preferred possessed russ managed hal
Perspectivas
Typography

El científico es creador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, institución de la que actualmente es rector.

El científico es creador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro, institución de la que actualmente es rector.

Reproducimos la entrevista al neurólogo y neurocientífico Facundo Manes realizada por el diario El Tribuno de Salta, que llegó a la provincia a presentar su libro. 

E.T: ¿Doctor, qué lo trae a Salta?

Facundo Manes: Vine a Salta a presentar nuestro libro sobre el cerebro. La idea del libro es contar en forma dinámica, sin perder rigurosidad intelectual, lo que sabemos y no sabemos del órgano más complejo con el que contamos. 

E.T: También tratan mucho lo relacionado con la inteligencia.

F.M: Un aspecto importante de la inteligencia que destaca hoy la ciencia es que no se puede medir la complejidad de la inteligencia. Una parte es medible, que es el coeficiente intelectual. Esto tiene que ver más con problemas aritméticos. Obviamente incide en tareas de la vida que requieren de coeficiente intelectual, de otro tipo de análisis. Pero la ciencia no puede medir para nada la inteligencia social, emocional, el humor, la ironía. Por otra parte, hoy sabemos que la inteligencia colectiva es mucho más importante que la suma de individualidades. Si hay un equipo de seis personas y cada una tiene 110 de inteligencia, si el grupo tiene una buena dinámica funciona mucho mejor que la suma de las partes.

E.T: ¿Esto tiene que ver con la inteligencia social?

F.M: Es una aspecto de la inteligencia que no se puede medir. Claramente muy importante. Es que predice liderazgos, cosa que no predice la inteligencia analítica. Los jefes suelen tener más inteligencia social y emocional que muchos empleados que tal vez tienen más inteligencia analítica. La inteligencia social no requiere de números, estadísticas y de análisis, pero sí de lo que piensa la gente, cómo se inspira la gente. Muchos líderes mundiales e históricos tal vez no eran tan inteligentes analíticamente como un matemático o un filósofo, pero supieron captar qué quería la sociedad. El punto está en darse cuenta qué y cómo piensa el otro.

E.T: ¿La inteligencia tiene un desarrollo en el día a día?

F.M: Se puede medir un aspecto. Mejora generación tras generación con un efecto que se llama Flynn, que las generaciones nuevas son más inteligentes. No se sabe por qué. Tal vez sea el contexto, tal vez las nuevas informaciones.

E.T: Cuando dicen que Da Vinci fue el hombre más inteligente de la historia, ¿usted qué dice?

F.M: Eso es como decir que Picasso fue el más creativo. Creativo somos todos. Hay creatividad que tiene mayor reconocimiento social. Una mujer del conurbano profundo bonaerense que tiene cien pesos para alimentar a cuatro chicos es creativa. Tanto como Picasso. El cuadro de Picasso sólo va a valer más, pero no debe entenderse como un parámetro que destaque la inteligencia del artista por sobre el de la mujer que expongo como ejemplo. 

Es difícil medir la inteligencia. Hay personas profundamente inteligentes en matemáticas, por ejemplo, pero no podrían dirigir la universidad.

E.T: Usted en alguna entrevista anterior advirtió la utilización política que se hace de la inteligencia

F.M: Hay que tener cuidado con la inteligencia analítica desde el punto de vista del coeficiente intelectual. Este uso es en forma errónea, inmoral. En las universidades americanas le daban menor cupo a los negros porque tenían coeficiente intelectual bajo. Es que se requiere de vocabulario, de aritmética, que viene de bagaje familiar. 

Estos, naturalmente, tenían menos preparación cultural porque eran de generaciones de esclavos. Yo lo que digo es: ojo con usar el coeficiente intelectual para ingresar a un trabajo, a la universidad, ya que no representa toda la inteligencia.

E.T: Es decir que hay una parte importante subjetiva...

F.M: Como no podemos medir toda la inteligencia, esa valoración termina siéndolo. Así es que la neurociencia investiga actualmente esto. Para Sudamérica la alimentación es clave y el estímulo cognitivo y el afectivo también lo son. La desnutrición es cultural. El Estado puede llevar un paquete de fideos a la puerta de la casa pero igual van a comer mal. Es un problema cultural, de conocimiento.

Es crítica la alimentación en el cerebro de los chicos y adolescentes. Pero también es crítico en el aspecto cognitivo e intelectual.

No solo es la riqueza natural, como el petróleo o lo industrial es la principal riqueza de un país. El mayor capital de un país es el nivel intelectual de la gente. Porque si tenemos un país que genera alimentación para 400 millones de habitantes, es inmoral que tengamos chicos desnutridos en el nuestro. Ahí no solo estamos hipotecando el futuro de esa familia y el chico, sino también de la sociedad de todo el país.

Esto también pasa en la creatividad. Hay que darle un espacio importante, así, la revolución educativa pasa por el contacto del docente con el estudiante. 

No pasa por un ministro nuevo o por más presupuesto.

E.T: ¿Argentina es rica en capital intelectual?

F.M: Argentina todavía sí, pero porque estamos viviendo de lo que hizo la generación de los 80. Hubo una generación que pensó más allá de su vida biológica. En Argentina, gracias a la educación pública y gratuita, la gente pobre, económicamente hablando, es clase media en el aspecto intelectual. Pero eso pronto se va acabar. Estamos a tiempo de remontar, pero hay que trabajar duro apostando a la educación y la tecnología, que son la base del desarrollo.

E.T: ¿Cómo analiza la orientación pedagógica o científica de la universidad en el país?

F.M: No se puede reducir el análisis a una universidad. Sinceramente no estamos pensando a largo plazo. Todo es a corto plazo, en el día a día. Corea del Sur era una nación pobre hasta hace unas décadas, y hoy produce más patentes que toda América Latina. Produjo una verdadera revolución cultural. Debemos apostar a rescatar el conocimiento porque no estamos perdidos. No podemos quedar afuera del mundo del conocimiento, que es un fenómeno mundial.

E.T: ¿El problema educativo pasa por lo económico?

F.M: En los últimos años hubo mayor dinero para la educación pero falta mejorar la calidad educativa. Obviamente, primero hay que resolver la desnutrición, el estímulo afectivo y el cognitivo. No solamente pasa por lo presupuestario. Los docentes deben estar mejores preparados, siempre actualizados y mejores pagos. Deben motivar a los alumnos, inspirarlos. Los seres humanos aprendemos con los que nos inspiran. Hoy hay una crisis entre el docente y el alumno. El docente sufre de la abulia de los alumnos y el alumno no quiere estar en clases porque se aburre.

Después hay que tener clases más clases. Un chico en Argentina que termina séptimo grado va la misma cantidad de días que un chico que termina tercer grado en Chile.

E.T: Se necesita un fuerte quiebre cultural...

F.M: Exactamente. Si no vamos a quedar atrás. Si creciéramos al 5 por ciento actual y no hubiera inflación estos problemas seguirían de igual manera.

Yo apuesto a que haya una generación de políticos que vea a la política, no en términos de la próxima elección, sino en el desarrollo a largo plazo, trabajando en equipo. Que un grupo de argentinos plantee resolver los problemas sin el narcisismo que nos domina, que se inspire a la sociedad. Sin la sociedad inspirada esto no cambia. En el 83 la sociedad argentina reclamó democracia. Hoy sería bueno que la sociedad reclame por el paradigma del conocimiento, que sea pedido por la sociedad. Si no entendemos esto es como no entender la revolución industrial cuando apareció.

E.T: Además hay parámetros que nos marcan que no vamos por buen camino...

F.M: Es que no somos honestos. La discusión no es honesta. Por dar un ejemplo, las pruebas PISA no son perfectas pero algo nos dicen. Es como si tomáramos la fiebre con un termómetro y le echamos la culpa al aparato. Los medidores no son perfectos, pero algo dicen.

De cien chicos que entrar a la primaria solo 35 la terminan la secundaria. De esos 35 la mitad interpreta lo que lee. ¿Cómo vamos a competir así en un mundo en que el paradigma del conocimiento está por encima de todo?

E.T: Lo cual profundizaría la ruptura social en la sociedad argentina...

F.M: Una de las cosas que hay que reconstruir es el tejido social. Eso es educación. Podemos crecer económicamente pero si no hay una revolución educativa la pobreza no se disminuye. No hacen falta más economistas, sino mejor educación.

El efecto Flynn: El siglo XX experimentó el “efecto Flynn”. Así se llama el fenómeno que consiste en un incremento notable del coeficiente intelectual de una generación a la siguiente. 

Suscríbase GRATIS al "New´s Letter" para recibir por e-mail las novedades de la Revista 3N